AGRUM

Consultoria agraría

El monocultivo es una práctica de cultivo consistente en dedicar grandes extensiones de tierra cultivable a una única especie vegetal (ya sea herbácea o leñosa). El ejemplo más claro y cercano de esta práctica es el monocultivo de olivar que se ha ido imponiendo progresivamente en Andalucía desde la entrada de España en la UE. Se da el caso de que en provincias como la de Jaén el 88.26%  (Sánchez, J.D., 2011) de todas las tierras labradas están plantadas de olivos, con el agravante que la mayor parte de estos árboles corresponde a una única variedad (“Picual”) cuyo destino únicamente es la producción de aceite.

Las causas que han llevado a esta dominancia del cultivo del olivar en Andalucía son varias. Por un lado está la gran rentabilidad económica que ha tenido este cultivo en comparación con otros propios también del clima de la zona. Esta rentabilidad se ha debido tanto al precio de venta del aceite de oliva como a las ayudas recibidas por medio de la política agraria comunitaria (PAC).

Otra causa es que el olivar se trata de un cultivo que tiene una buena adaptación a casi todos los tipos de suelos y no tiene grandes requerimientos climáticos, lo que le hace fácilmente adaptable a todas las zonas agrícolas andaluzas tanto en secano como en regadío. Además se trata de un cultivo con un manejo sencillo, que únicamente requiere gran número de mano de obra en cosecha.

Por último hay que destacar los avances que se han producido en las técnicas de cultivo en olivar y que han mejorado el manejo de las explotaciones y la productividad de las mismas. Además también hay que resaltar las campañas publicitarias sobre aspectos beneficiosos del consumo de aceite de oliva para la salud, y que han hecho que aumente exponencialmente su consumo a nivel mundial, teniendo por lo tanto este producto una buena salida comercial.

El monocultivo de olivar ha propiciado una serie de beneficios aunque también cuenta con numerosos inconvenientes.

Como ventajas podemos citar que es un cultivo que ha permitido la fijación de la población en las zonas rurales, además los rendimientos económicos obtenidos  con su explotación han propiciado el incremento de nivel de vida en dichas zonas.

Por el contrario como cualquier monocultivo conlleva un empobrecimiento de la diversidad paisajística y del ecosistema. Al ser una única especie la que se desarrolla la variedad en los animales que vivirán asociados en este medio también disminuirá, además los organismos que pueden causar plagas y enfermedades al cultivo adaptarán su ciclo de vida y pueden llegar a causar mayores pérdidas económicas.

El monocultivo del olivar ha provocado graves problemas de erosión, debido a inadecuadas técnicas de cultivo o al llevar a cabo plantaciones en terrenos no idóneos. También a causa del creciente uso del regadío en olivar y por malas prácticas se ha producido una sobreexplotación de los recursos hídricos de la cuenca.

Se habla a menudo que el olivar es un cultivo “social”, pero hay que decir que el empleo de mano de obra se concentra en aproximadamente tres meses al año. Se hace necesaria una ingente cantidad de mano de obra únicamente en una época muy concreta. Asimismo al ser un monocultivo y además casi monovarietal la maduración de los frutos se produce en corto periodo de tiempo y no de forma escalonada, haciéndose imposible (aún con los avances que ha habido en la mecanización de la recolección) la cosecha de la totalidad de la aceituna en su momento óptimo. Esto repercutirá en la obtención de aceites de inferior calidad. Igualmente al concentrarse la recolección en unos tres meses, las instalaciones para molturar y extraer el aceite tendrán un bajo uso anualmente pero con picos muy altos de funcionamiento en los meses de la recolección, que hacen bajar los rendimientos de extracción y favorecen la aparición de averías.

En relación con esta necesidad de procesar una gran cantidad de aceituna en un corto periodo de tiempo hace que los subproductos resultantes del proceso no puedan ser tratados de forma adecuada, pudiendo originar problemas de contaminación: aguas de vegetación, orujos, etc.

La estacionalidad en el empleo imposibilita formar mano de obra cualificada para el manejo de máquinas y proporcionar un entorno laboral de estabilidad. También a causa de esta estacionalidad y de la nula alternativa de empleo en el sector agrario están los subsidios de desempleo, que crean un estancamiento de la economía restando dinamismo a la sociedad.

Aunque sean muy extensas las superficies dedicadas a olivar las industrias auxiliares surgidas a su alrededor suelen ser muy pequeñas, a menudo locales. En cambio los grandes fabricantes de maquinaria para extracción son extranjeros: Pieralisi, GEA Westfalia, Amenduni, Alfa Laval, etc. Con esto vemos que la mano de obra cualificada para diseñar y fabricar esta maquinaria, así como el valor añadido que esto supone se queda en países como Alemania o Italia. En el caso de maquinaria para recolección sí suele ser elaborada por pequeños talleres de ámbito comarcal o provincial.

Por último cabe apuntar que una atomización tan grande de la economía, basada únicamente en la elaboración de un producto, puede acarrear muchos problemas si se produce algún problema en el mercado o si por circunstancias coyunturales las producciones disminuyen a causa de plagas, enfermedades o por la climatología.

Es por todo esto por lo que sería bueno introducir alternativas al cultivo del olivar, en las zonas que así lo permitan. Con esto se dinamizará la economía agrícola de estas zonas y ante posibles problemas en la producción o comercialización de un producto toda la renta de los agricultores no estará a expensas de él. La agricultura se hará más sostenible ambiental, económica y socialmente: la diversidad de cultivos acarreará menores problemas de plagas y enfermedades; producción diversificada y por último distribución del empleo a lo largo de un periodo de tiempo más extenso.