AGRUM

Consultoria agraría

La irregularidad interanual en las precipitaciones y su estacionalidad en el clima mediterráneo, hacen necesario en muchas ocasiones la aplicación adicional de agua en forma de riego que complemente las lluvias caídas para asegurar el buen desarrollo y productividad del cultivo.

El sector de la agricultura es el principal consumidor de agua con un 80%, de media para las distintas cuencas hidrográficas españolas. Esto nos hace ver la gran presión sobre los recursos hídricos que tiene el riego agrícola. Es por ello fundamental el llevar a cabo técnicas adecuadas de riego que nos hagan ganar eficiencia. Independientemente del tipo de riego que se emplee (gravedad, aspersión o localizado) hay que prestar atención a la hora de realizar la dosificación del agua a lo largo de la campaña de riego.

La programación de riegos es un conjunto de técnicas y procesos destinados a determinar el momento y la cantidad de agua a aportar para obtener una máxima eficiencia y productividad del agua.

La programación de riegos se basa en:

 

- La climatología: las necesidades de agua están relacionadas con diversos factores climatológicos como pueden ser: la radiación solar, humedad relativa, velocidad del viento, la precipitación, etc.

 

- El cultivo: los requerimientos de agua varían de unos cultivos a otros. Debiendo tenerse en cuenta la profundidad que pueden alcanzar las raíces, la altura de la parte aérea, superficie foliar, etc.. También influye la densidad de plantación o siembra y el estado fenológico en el que se encuentre. Asimismo se debe conocer el aprovechamiento que tendrá el cultivo: destino de la producción, requerimientos de calidad en los frutos, etc.

 

- El tipo de suelo: es el medio que sirve de sustento a las plantas y de él extraen nutrientes y agua. Así pues actúa como un almacén de agua, por lo que se requiere conocer especialmente las características físicas del mismo como son: textura, estructura y densidad. También es útil saber algunos parámetros químicos del suelo, que nos permitan conocer su grado de salinidad.

 

- Sistema de riego empleado: todo el agua que sale del cabezal de riego no llega finalmente a ser aprovechada por el cultivo. Los sistema de riego tienen una eficiencia, y conocerla es fundamental para saber la cantidad total de agua que debemos aplicar.

 

El método más extendido y simple para llevar a cabo la programación de riegos es el balance de agua. Se basa en las estimaciones de entradas (fundamentalmente precipitación) y salidas (evapotranspiración) en el perfil del suelo. Es fundamental mantener el suelo en valores superiores al nivel de déficit permisible (DP), para ello se regará cuando el déficit de agua en el suelo (DAS) se aproxime a este valor. No obstante cuando contamos con una cantidad de agua limitada se tendría que optar por estrategias de riego deficitario, regando cuando el DAS supere al DP. Finalmente conociendo la eficiencia de nuestros sistema de riego podemos calcular la cantidad bruta de agua a aplicar.

Las limitadas dotaciones de riego con las que se cuenta hacen necesario el empleo de técnicas que nos permitan saber los momentos en los que será más necesario el empleo del agua por parte del cultivo. Con la programación de riegos podemos ajustar la aplicación de agua haciendo un uso eficiente de ella.